TRISTE soy un vidrio enmarcado a un grito
en un quicio que muge cuando pasa
todo tu cuerpo empujandome el asa
en mi umbral de pomo negro y marchito.

SOY un abanico barnizado de infinito
y puro barniz castaño en la lasa
estancia que en gris brota y me transpasa
toda la irrealidad donde transito.

TU magnetita izó la ventolera
de mis astillas granas e imantadas
de otra piedra que menos roja fuera.

PUERTA soy y una frontera de pisadas
cual tiritar de dientes que genera
mis rítmicas corrientes coloradas.
Y me pensaba que eras de oro,
y no me fundía con ellos,
tengo en mis manos la mina
de tu incandescente hierro.
Llévame a la región solo,
loba gris de los aceros,
deborame bajo el árbol,
¡que su sombra me abra el pecho!
-no más negra que tu garra-,
sombra de lo que ha abierto,
sólo sombra de la sombra
son tus soles en mi cuello.